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29 de diciembre de 2009

Confidencias de un àrbol

Y la ùltima entrada del año...
A mis hermanos; espero y no me vean como un hombre malo, egoísta...
Sabran, al correr de los años, el sentimiento de gratificación, lo verdadero, y ya ustedes, más grandes, espero comprendan. Bueno, èsta entrada es para ustedes.

Y para agradecerles a las personas que, con sus comentarios, han apoyado a no dejar de lado el blog...
Es un regalo, en serio, tomenlo... tomen lo que más les pueda dejar este mensaje, la lectura, la imágen, la enseñansa que deje el texto.

Abrazos y agradecimientos, de nuevo, a la persona que ha estado a lado mio apoyandome, en todo sentido, y que hizo posible las imágenes aqui publicadas...
A mi familia (abuelos, tíos, etc...) por tener un plato en la mesa cuando lo necesitaba...
Al futbol que me ha dado la salú que tengo ahora... (creo que esta última no tiene sentido ._. )
A las personas que conocì, todas tienen algo de donde aprendì.
A losmaestros de Historia y Literatura, por ser tan... raros, no-comunes, diferentes?
La Cocacola por quitarme esos dolores de cabeza ;D
A mis amigos, pocos, pero esos pocos son geniales, esos geniales los que lean esto, y quieran considerarse mi amigo.
A la dueña del blog, La vida es un volado... Por hacerme ver la imagen de otro modo.
Y Dios... Si me sigo serìa mucho xD

Mil gracias a Ti, que estas leyendo esto. GRACIAS!


Cansado de que el viento me sacudiera con iracundia
de que se enseñoreara sobre mì
decidì una madrugada
soltar deliberadamente una de mis hojas.

Llevè todas mis energìas
mi coraje
mi savia
hacia el ramaje.

Y me deshice de una hoja verde y puntiaguda.
En realidad acabè por sacudìrmela
despuès de un gran esfuerzo.
Nadie fue testigo de la proeza.

El viento atravesa entre mis ramas ese mismo instante
y como desprendiò varias de mis hojas
nadie podrìa haber imaginado
en el caso de haberla visto
que una de ellas
entre las doce que perdì ese dìa
encarnaban
muy verde aùn
la forma primera de mi libre arbitrio.

Decidì descansar, reponer mi fuerza
tener frìas, muy frìas las sienes
meditar mi hazaña:
me sentì frente a los otros àrboles
como el àngel que se aletea orgullosamente
su indiferencia ante los hombres.
















Pero al paso del tiempo
sentì la necesidad de obsequiarle a la botànica
con una nueva toma de decisiòn
otra averìa.

Fue ya en la primavera.
Mis ramas se doblegaban de tan llenas de flores.
Mas advertì que entre una flor y otra en una de mis ramas
habìa una distancia grande
un sitio desaprovechado.

Y me puse a pujar y pujar
 hasta que de repente me brotò
una pequeña flor
màs pura
blanca
y tierna
que las otras.




Mi felicidad fue mayùscula
y se llenò de gozo el corazòn
si se puede hablar de corazòn
en un ser que nunca se ha exitado
ni con las caricias eròticas del viento.
No soy
me dije
un àrbol al que le acaecen flores
sino que decide flores.
Los pasos siguientes fueron màs sencillos.
Que se me ocurrìa por ejemplo.

Me concentraba.
Pensaba en las nubes
y conquistaba uno o dos centìmetros.

En la noche cuando no habìa ningùn curioso
creaba frutos
los destruìa
me los pasaba de una rama a otra.
Y hasta descubrì la manera
de hincarles el diente.

Llegò el momento
en que todo o casi todo
era producto de mi libertad
de mi opciòn
o de mi juego.

Soy un àrbol que a creado
su tronco
su ramaje
sus nidos
sus aves
sus gorjeos
y su sombra.

Pero nadie lo advierte
porque si decido crecer
se piensa
que la germinaciòn me obliga a ello.
Si opto por florecer
por repujar mis ramas de pequeñìsimos milagros
que la botànica es la responsable.
Aùn màs.

Creo que cuando tome mi principal decisiòn
no dejarà de haber un leñados en mi vera
que hacha en mano
haga pensar a todos
que fui vulgarmente derribado
y no que
hambriento de rumbos
concentrè mis fuerzas
apretè los mùsculos
y di
mi primer paso.



















18 de marzo de 2009

Oda a la goma de borrar

Gran cosa es tener la capacidad de retractarse. Poseer el combustible necesario para dar marcha atrás. Lucir la valentía de desdecirse, humillar la petulancia de pretender hablar desde el púlpito de la tinta, con un ademán autocrítico que transforma los dogmas los yerros la retórica en un rebaño de virutas perfumadas. Para desandar el camino y darle nuevamente la palabra a la página en blanco, se requiere de un delicado instrumento que es, como la rueda, los grandes aereoplanos y la caricia de la mujer amada cuando la soledad nos cala hasta los huesos, invento inapreciable. ¡Oh fe de erratas de mi lápiz! Cernidor entre el trino y el resuello, la palabra veraz y la que hilvana las letras enmieladas del engaño. ¡Oh gran antología de vivencias! Yo te debo la astucia de anularle adjetivos a las emociones sustantivas. Te soy deudor de mi capacidad de comenzar y comenzar nuevamente desde cero. Cuando vuelvo los ojos a la pluma al lápiz a la máquina y después hacia ti me quedo meditativo y pienso que el poeta el verdadero el grande el profundo poeta debe saber oír más las palabras de su goma que las del artefacto con que escribe porque los dioses están más cerca del silencio que del barullo.